El Encierro, esencia en evolución
escrito por Rudy Mentario   
jueves, 27 de agosto de 2009

 

Las fiestas de los pueblos de la región y en especial, las de la comarca, se han celebrado tradicionalmente en torno a un animal referente: el toro bravo. Numerosas fórmulas para rendir pleitesía a Minotauro en un intento del hombre por probar su naturaleza guerrera y viril. De entre todos estos ritos, es el encierro o la suelta de reses bravas para ser corridas en la calle, la máxima expresión antropológica del pueblo con el toro.

Bajo el abrasador sol o por la noche, un encierro no deja impertérrito a quien lo corra o viva desde la talanquera. Adrenalina en el torrente sanguíneo,  olor y griterío que se esfuman al paso de los astados. Una tradición de origen ibérico que goza de indudable salud popular y que se repite cada verano en los pueblos españoles desde hace ya varias centurias.

FEncierro de Colmenar del Arroyo en la antigua plaza de toros

- Encierro de Colmenar del Arroyo en la antigua plaza de toros -

 

Los encierros de Cuéllar (Segovia) están considerados los más antiguos de España (aunque existe una disputa al respecto con los de Portillo (Valladolid) y los de Ciudad Rodrigo (Salamanca), pues está documentada su existencia desde el año 1215. Están declarados Fiesta de Interés Turístico Nacional y comienzan siempre el último domingo de agosto, prolongándose durante cinco días. Característicos son los tradicionales encierros nocturnos de Navalcarnero, que se celebran entre el 9 y el 11 de septiembre, a la una de la madrugada, entre fuertes medidas de seguridad debido a la especial peligrosidad que revisten.

Pese a la perpetuación sufrida por esta tradición, no hay que obviar que los encierros han evolucionado. Aunque sin alterar cualitativamente su esencia. Las medidas de seguridad que se toman en la epoca actual no encuentran fiel reflejo con la realidad vivida hace 20 años. El reciente cuerpo normativo por el que se rige este tipo de espectáculos no supera la década y contempla una casuística que acota normativamente por completo al espectáculo. 

Los excesos que en el pasado se cometieran con la res causaron una alarma social que se ha traducido en los preceptos legales que amparan el derecho del animal. En cuanto a los animales, se prohíben todos aquellos espectáculos que impliquen su maltrato, en especial aquellos que consistan en atarles o prender fuego a sus astas.   Y es que de alguna forma el espectáculo-tradición ha ganado en racionalidad y ha perdido en intensidad

La rapidez con la que se conducen los astados y los preceptos que impiden que el toro permanezca por tiempo arbitrario en el recorrido son motivos por los que más de algún aficionado opina que "el encierro me ha sabido a poco". Sin embargo, sigue siendo el excitante y efímero paso de las reses lo que anima a soportar tremendas solaneras hasta que el litúrgico chupinazo anuncie la suelta de los bravos... una de tantas incomodidades que presentan los encierros y que merecen la pena por sufrir por el instante del paso de la vacada. 

 

 Las antiguas ambulancias Renault 12 rancheras con la Cruz Roja en su parte posterior, han dejado paso a modernos quirófanos móviles habilitados para tratar lexiones de extrema aparatosidad y gravedad

 Suerte a los valientes que decidan pasar por el trance de correr un toro porque realmente sabrán si ha valido la pena seguir conservando estar tradición 

  Los sucesos recientes de este verano en los que han fallecido 5 corredores ponen en evidencia que correr un encierro es una práctica de riesgo que todos los corredores asumen

 

Las nuevas plazas de alquiler han sustitído a las antiguas de carros, tablados o talanqueras, todas ellas tribunas privilegidadas de alto riesgo pero que se antojan impensables en los tiempos que vivimos. Las antiguas ambulancias, de la marca Renault 12, rancheras con la cruz roja en su parte posterior, han dejado paso a modernos quirófanos móviles habilitados para tratar lesiones de extrema aparatosidad y gravedad.  En las plazas de toros no permanentes y portátiles o recintos cerrados, la enfermería no deberá estar a más de 50 metros. En cualquiera de estos espacios donde la enfermería no asegure un equipamiento adecuado deberá contarse durante todo el festejo con una ambulancia de asistencia intensiva, tipo UVI Móvil. Esto tiene un coste económico y no es pequeño precisamente.  De esta forma, es comprensible que a algún contribuyente no fuera partidario de celebrar este caro festejo. Y la crisis, como en todo. Aquí también ha llegado y Ayuntamietos no están en la mejor situación parasoportar el gasto que suponen los dos o tres días de toros. Y para muestra un botón, La Dirección General de Seguridad e Interior lleva autorizados un total de 400 festejos taurinos en 57 municipios madrileños, una cifra que supone un 20% menos que en 2008, que había 477 solicitudes a 31 de julio.

Por encima del todo, no hay que subestimar las consecuencias del temerario acto que supone correr un encierro pese al plus de seguridad que presenta el espectáculo actual. ¿Podríamos afirmar de alguna forma que la seguridad ha convertido al encierro en un espectáculo "light"? En caso alguno. Un encierro se configura como un espectáculo duro y contundente que no está al alcance de cualquier físico o sensibilidad.  La seductora rudeza de una carrera entre hombre y toro, requiere de un paladar costumbrista y de algún modo educado en esa tradición. De alguna extraña forma, este rito llega a cautivar a profanos que seducidos por la inestimable vivencia, repiten espectáculo en cuantas veces pueden, haciendo germen lo que podría llegar a ser un nuevo aficionado.

En cualquier caso, no es tarea fácil correr delante de un toro con tan sólo una defensa compuesta por unos buenos reflejos y unas fuertes piernas. Los sucesos recientes de este verano en los que han fallecido 5 corredores ponen en evidencia que correr un encierro es una práctica de riesgo que todos los corredores asumen. No obstante, la cantidad de mozos que se atreven a correr, empequeñece la siempre triste estadística de heridos y fallecidos.

Y así, el espectáculo de antaño y el actual se solapan en un mismo nexo que no es otro que el disfrute temerario con una bestia infinitamente más fuerte que nosotros. El respeto tanto a los "traicioneros mansos" como a bravos es una constante que permanece desde los origenes de una fiesta que sigue encantando a propios y extraños. La motivación por probarse el valor frente a un toro sigue manteniéndose intacta. Es la esencia que perdura en la evolución de este rito. Y es algo que comprenden los pocos elegidos que reúnen facultades y valor para correr delante de un toro. Suerte a los valientes que decidan pasar por el trance porque realmente sabrán si ha valido la pena seguir conservando esta tradición. 

 

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