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 Cuando a las 17:39 H. de la tarde del pasado 14 de enero, este medio, La Almenara, se presentaba en la calle Órbigo de San Martín, ante el conocimiento de un posible suceso luctuoso y a las 17:55 la noticia se editaba ya en las páginas de su homólogo en digital en la web, www.la-almenara.com, no podríamos ni imaginar el alcance ni el horror de la tragedia padecida por esta familia hasta conocer los detalles del triple óbito.
Los hechos, ya repetidos, son la aparición en el domicilio familiar tres cadáveres correspondientes al padre y dos hijos menores varones. Lo truculento de la historia aparece cuando la Policía Municipal descubre que el resto de la familia convive desde hace semanas con los cadáveres, todos juntos, sobre un colchón.
Se ha especulado sobre las posibles causas de su muerte: si fueron envenenados, si se intoxicaron con alguna comida o por ingerir ciertas medicinas orientales..., la autopsia dará luz. También se ha especulado sobre el hecho de convivir con los muertos si era debido a la influencia de cierta secta oriental taoista denominada "de la luz"…, confiemos en las pericias policiales pronto puedan responder a estas preguntas.
Ahora bien, es muy probable que la muerte del cabeza de familia pudo ser el punto de inflexión de la familia Lee, hasta entonces más o menos integrada en el pueblo. El padre era la fuente de sustento de los siete integrantes, desde hace meses tenían problemas económicos: les habían cortado la luz y el gas, si en un momento el cabeza de familia tuvo alguna enfermedad que acabó con su vida, a partir de este momento, el resto de familia se dejó llevar, no supo o no quiso o no pudo pedir auxilio.
Parece como si la familia Lee hubiese puesto cierta distancia entre sus costumbres y su "way of life" y hete aquí la paradoja que cuando más integrados podrían estar con la población de San Martín, se encierran en si mismos, se aferra a ciertas tradiciones, a la estirpe, donde tampoco pueden pedir auxilio
Se ha especulado sobre las posibles causas de su muerte: si fueron envenenados, si se intoxicaron con alguna comida o por ingerir ciertas medicinas orientales..., la autopsia dará luz.
Es muy probable que la muerte del cabeza de familia pudo ser el punto de inflexión de la familia Lee, hasta entonces más o menos integrada en el pueblo
Sin embargo, lo sorprendentemente extraño, a poco que se conozca la cultura y tradiciones orientales, ha sido que no exista ningún familiar, linaje que reclame los cuerpos. Esto es lo realmente sorprendente si se considera el arraigo al clan y la protección que entre ciudadanos chinos se produce al emigrar de su país y la tradición de querer ser enterrado en su propio país de origen.
La familia Lee da la sensación de soledad, o más bien de querer estar apartada, alejada de los anillos concéntricos de la tradicional ayuda china, como si su forma de vida, más europea, más o menos integrada con la población de San Martín fuera incompatible con las costumbres, tradiciones y servidumbres asimiladas en la cultura oriental (los niños iban a clase a diario, buenos estudiantes, el padre podríamos decir que trabajaba por su cuenta y residían en un barrio de clase media-alta, muy normal, muy europeo. Pensemos también que la familia Lee procede de Taiwan, hoy dentro de China y hasta hace unos años colonia independiente, muy pro-occidental económica y culturalmente).
Parece como si la familia Lee hubiese puesto cierta distancia entre sus costumbres y su "way of life" y hete aquí la paradoja que cuando más integrados podrían estar con la población de San Martín, empadronados desde el año 2006, y en un momento de necesidad los Lee haber pedido el amparo de los Servicios Sociales, del Centro de Salud que ante una urgencia dispende atenciones sanitarias de forma gratuita a cualquier persona, sin embargo, el núcleo familiar padre, madre, se encierran en si mismos, se aferra a ciertas tradiciones, a la estirpe, donde tampoco pueden pedir auxilio porque han debido de romper todos los anillos que les unía con el clan. Esta "soledad mental" o de desarraigo cultural, este dejarse llevar fue un punto sin retorno.
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