San Martín bien vale una misa
miércoles, 03 de marzo de 2010

 

Cuando Enrique de Borbón, para llegar a ser el futuro monarca Enrique IV de Francia, aparenta renegar del protestantismo calvinista y se acoge al catolicismo para alcanzar el reino francés, exclamó la célebre frase de: "Paris vaut bien une messe" (París, bien vale una misa) que traemos a colación para realizar un paralelismo con la situación actual del ayuntamiento de San Martín.

No está San Martín como aquel París de intrigas y asesinatos de posibles monarcas candidatos a la corona francesa, pero el pasado 8 de febrero tuvo lugar en San Martín de Valdeiglesias el pleno ordinario correspondiente a este mes. Durante el transcurso del mismo se volvió a escenificar la ruptura de la segunda teniente de alcalde, Montserrat Cabrero, con el resto del equipo de gobierno, votando ella en contra de su propio partido, ACS; el cual gobierna en coalición con el Partido Popular, y con el que recientemente, a finales de diciembre, volvieron a firmar una ampliación de este pacto de co-gobierno -pacto que sigue vigente, pues las ejecutivas o direcciones de ambos partidos así lo han suscrito-.

 

San Martín, bien vale una misa. Fotomontaje. La AlmenaraDesde hace unos meses, la vida social y económica de San Martín gira convulsa, como aquel París de finales del siglo XVI, en torno a un único tema polémico: los enfrentamientos de la citada teniente de alcalde con los gestores de la radio municipal, como si no hubiese otros problemas municipales y presupuestarios de mayor calado y enjundia económica.

En política, hacer de una afrenta particular una única batalla electoralista es tener un perfil demasiado bajo y descuidar los intereses generales del ayuntamiento; además de ofrecer la impresión de que el salón de plenos fuese el plató de alguno de esos programas del corazón, en los que los rifirrafes plenarios lo han convertido. Su posterior continuidad en los medios de comunicación, comentando "si tú me dijiste o yo te dije", ya no es política sino politiquería.

 

 Desde hace unos meses, la vida social y económica de San Martín gira convulsa, como aquel París de finales del siglo XVI, en torno a un único tema polémico: los enfrentamientos de la citada teniente de alcalde con los gestores de la radio municipal

 San Martín, como otras localidades, tendrá que confeccionar unos presupuestos realistas pensando que los ingresos de los ayuntamientos han descendido de forma notable

 En política, hacer de una afrenta particular una única batalla electoralista es tener un perfil demasiado bajo y descuidar los intereses generales del ayuntamiento

 

Es cierto que muchos de estos enfrentamientos provienen de la gestión de gastos municipales, también hay que reconocer que, en la actualidad, la mayor parte de los pueblos y ciudades españolas acumulan deudas considerable a proveedores; San Martín, como otras localidades, tendrá que confeccionar unos presupuestos realistas pensando que los ingresos de los ayuntamientos han descendido de forma notable. Tampoco se puede desdeñar la posibilidad, en lo que resta del año, que la evolución económica municipal pueda ofrecer mejores perspectivas.

Por ello, ahora es más necesario que nunca apartar cuitas y personalismos, tratando de cicatrizar heridas, siempre por el bien del pueblo, o ¿acaso por airear ciertas cantidades, la deuda va a desaparecer por arte de birlibirloque? Por otra parte, ¿no se está pidiendo, a nivel nacional, un pacto de gobierno entre los dos grandes partidos para remediar la deplorable coyuntura económica?

La gestión diaria de un ayuntamiento, gobierne el partido que gobierne, requiere de cabez fria y temple para tomar decisiones. A veces, estas decisiones serán criticadas, pero el ejercicio de la buena alcaldía pasa por priorizar las necesidades comunes de su pueblo, tratando de enfrentar lo menos posible a intereses contrapuestos que siempre existen y existirán en cualquier colectivo social. Al igual que Enrique IV, quien pacificó la Francia y ha pasado a la posterioridad de los franceses como "El Buen Rey", para conquistar París abandonó sus hondas raíces protestantes, accediendo a las pretensiones del rey Felipe II, al catolicismo, para en febrero del año siguiente ser coronado Rey de Francia.

 

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