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La Sierra Oeste ha visto bañados sus dominios por la reparadora lluvia que alimenta este singular ecosistema mediterráneo. Un meteoro que alivia las necesidades hidrológicas que la comarca presentaba para tan duro estivo.
De nuevo, el milagro de la vida. Formas de infinita fantasía que superpuestas en colores, aromas y texturas provocaran deliciosas sensaciones al caminante campestre.
Un compendio interconectado con el común denominador del agua que alimenta, que da vida y que da continuidad a una comarca rica en especies animales y vegetales cuya casa se encuentra en esta ínfima parte del total del planeta Tierra.
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MÁS COLECCIONES
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CIELOS DE ALGODÓN. El atardecer es un buen momento del día para observar los policromados contraluces que inspiraran al pintor Murillo en sus candorosasa vírgenes. Plata de ley son los destellos que el astro rey proyecta sobre las formas que brotran en nuestra comarca.
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EL TIEMPO VEGETAL. Una pradera de trigo de la zona de Quijorna es un gran lugar para que dos encinas centenarias cohexistan con el trigo de estación. Durante la vida de las encinas habrán pasado cerca de quinientas estaciones de trigo pero en definitiva forman un todo en sí vegetal que se han visto crecer mutuamente durante generaciones.
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GASTRONOMÍA DE HUMEDAL . Lechos rezumantes de agua se conforman en hogar de batracios y ranas que la cigüeña se encarga de degustar. Es un auténtico supermercado en el que se abastece el gremio alado que entre juncos y corujas encuentra sus delicatessen.
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AGRESTES RISCOS. Entre las escarpadas grietas de un cerro, surgen asidas con temerario anclaje encinas y pinos que se sostienen reclamando un espacio en el que desarrollar la vida. La acción que los meteoros ejercen sobre el granito queda patente desparramando piedras a modo de teselas de un mosaico granítico.
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VUELVEN LOS CAUDALES .El agua de las últimas lluvias ha permitido que los cauces corran llenos en una bucólica estampa de fertilidad. El río Cofio no ha sido menos y nutre frondoso al pantano de San Juan en una vega salvaje en la que las especies moradoras respiran de nuevo aliviadas.
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EL CORAZÓN DE LA SIERRA OESTE. Entre la vasta extensión de pinares que forma la comarca emerge el pico de La Almenara. Una bisagra natural entre dos partes de la misma comarca cuyos flancos qudan rodeados por este imponente mando vegetal.
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CROMATISMO SUPERLATIVO. Casi todos los colores del espectro luminoso han dejado su huella durante este alternante mes de calor y lluvia. Una pradera puntillista sigue al homogéneo verde de los riscos que da paso al celeste de nuestro cielo en una composición tan variopinta como agradecida para la vista.
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JARAS EN LA PLAYA. La triunfal entrada que realiza el río Alberche en el pantano de San Juan se ve escoltada por las luminosas flores de jara que jalean a este curso de agua. Dura poco, a penas unos días, en los que se pueden ver los inmaculados farolillos poblando las laderas que van a parar al pantano de San Juan.
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HECTÁREAS MULTICOLORES. Con el distinto tipo de uso que se da a los fundios de Quijorna y Navalagamella se consiguen unas variaciones dentro de la misma tonalidad percibibles al ojo humano. Un bloque de sabores vegetales que adorna con gusto un horizonte desconocido.
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HILOS DE AGUA. Los capilares que la naturaleza utiliza para alimentar su tejido son verdaderas obras de ingeniería pluvial. Se mantienen durante años por la pendiente del terrero y forman un complejo entramado destinado al regadío de las zonas no cultivadas por el hombre.
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CERCAS. El duro y sostenible trabajo que el hombre empleó para delimitar antaño sus propiedades es una obra casi imperecedera que se adapta al entorno cuan guante de seda. Uno de los pocos usos que lejos de menoscabar el paisaje, lo revaloriza como atestigua esta filmina.
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LIMANDO EL SERRUCHO . Los riscos de Las Cabreras pugnan por serrar esta skyline mientras que redondeadas formas vegetales tratan de dar un aspecto más amable la línea divisoria en la que el cielo se vuelve tierra. Colonizan con arrojo las altas peñas en dónde las rapaces desarrollan la vida.
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FRESNÁCULOS. El caducifolio fresno que puebla las riveras de arroyos y arroyuelos parece alegrarse con el millonario regalo de la gran cantidad de agua caída. Se muestran altivos, orgullosos y desafiantes en un alarde de frondosa arrogancia.
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