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Este pasado 6 de octubre se ha celebrado en París una gran manifestación ciudadana en la que 176 colectivos, en representación de 20 de las 22 regiones francesas, para pronunciarse en contra de un proyecto de ley que podría promocionar la construcción de entre 10.000 y 15.000 nuevos molinos gigantes que se distribuirían por todo el territorio galo.
La manifestación ha estado apoyada por delegaciones belgas, alemanas, españolas y holandesas y han proclamado que estos "elementos suponen atentados contra el patrimonio paisajístico francés, clave de su situación como primera potencia turística mundial". Al mismo tiempo, que pregonaron en soflama la lucha contra "especuladores sin escrúpulos que en esta ocasión en nombre de una pretendida sostenibilidad y de la urgente necesidad de alternativas energéticas renovables- hagan negocio a costa de un inútil sacrificio del paisaje."
- Mólino aerogenerador de Castilla-León -
Algunas de las plataformas que cuestionan y censuran este tipo de energía alegan, como el caso de la plataforma contra las eólicas en la Sierra de Gata, que depende de la economía de los combustibles fósiles. Sólo gracias a éstos se pueden fabricar las aleaciones especiales necesarias para construir las turbinas, poner en marcha las fábricas que las producen en masa, así como sus piezas de repuesto, alimentar a toda la maquinaria pesada que se necesita para la instalación de los molinos (buldózer, camiones, excavadoras, etc.) y su posterior mantenimiento de por vida".
Los altibajos a los que está sujeta está fuente energética ya que el viento es una variable irregular y no genera siempre los mismo es otro de los argumentos esgrimidos por el sector verde. La irregularidad de producción que tienen los campos de viento hacen que sea necesaria la instalación de centrales térmicas de apoyo que subsanen estos altibajos energéticos que podrían generar apagones.
Otra de las cosas que se ha echado en cara a la proliferación de esta funete es el fuerte impacto territorial que acarrea la ordenación de un parque. Se necesita arrasar con el buldózer 70 hectáreas para sólo una decena de eólicas. En su traslado hay que abrir carreteras. En su fijación se emplean miles de toneladas de hormigón e infraestructura ferrosa. Ya en el interior de los molinos, sus transformadores eléctricos tienen hexacloro de azufre cuyo efecto invernadero es 22.000 veces más fuerte que el CO2. El traslado de la electricidad lleva aparejado un gran tendido eléctrico.
Pero si hay un archiconocido contra es que "las aspas de los molinos acabarán con las aves. Afecta a los suelos y a la vegetación, a las capas freáticas, a la calidad de las fuentes. Sin hablar de los riesgos de incendios, de la contaminación visual y acústica. Respecto a esta última, la experiencia demuestra que el sonido se puede oír hasta más de 1500 metros de distancia y que los infrasonidos a mucha más, provocando dolores de cabeza, depresiones e insomnios. Numerosos estudios aconsejan la prohibición de las eólicas a menos de cinco kilómetros de las casas. Ya en algunos países han adoptado una distancia mínima (de 1500 a 3220 metros)". Así argumentan algunas de las asociaciones congregadas en París.
El promedio anual de aves y murciélagos muertos por un molino es de 20 ejemplares. Si lo proyectamos a un campo de 50 molinos, obtenemos un millar de ejemplares muertos al año.
Dinamarca, país pionero de la energía eólica sólo genera el 15% de su electricidad y aún no ha conseguido reducir sus emisiones de CO2. El precio de la luz es el doble que en España.
La irregularidad de producción que tienen los campos de viento hacen que sea necesaria la instalación de centrales térmicas de apoyo que subsanen estos altibajos energéticos que podrían generar apagones.
Por lo que respecta a las aves podemos hacer un pequeño (y trágico) cálculo: según la evaluación moderada del biólogo Lekuona realizada para Navarra, el promedio anual de aves y murciélagos muertos por un molino es de 20 ejemplares. Si lo proyectamos al caso de la Sierra de Gata con sus 52 molinos autorizados (en total una potencia instalada de 88,5 MW), llegamos a la cifra siguiente: 1040 ejemplares al año morirán por sus aspas.
Al mismo tiempo hay precedentes que no han logrado alcanzar las expectativas creadas. Es el caso de Dinamarca, país pionero de la energía eólica y ésta sólo representa el 15% de su electricidad. Aún no ha conseguido reducir sus emisiones de CO2 y el precio de la luz es el doble que en España. Actualmente, pese a las subvenciones públicas, nuevos proyectos eólicos se cancelan. Más cerca, en la región de Valencia, El presidente de la Cámara de Comercio de Valencia Arturo Virosque, declaraba en marzo de este año: "La energía eólica ha sido una pantanada. Los molinos han acabado con el paisaje nacional, la energía eólica ha sido ineficiente, ha vivido con gran derroche de dinero y ha habido fraude. Por eso el Gobierno se replantea ahora cambiar el régimen de subvenciones. La energía eólica, esa sí que ha sido especulación"
Se acusa que tras este telón inversor la única riqueza fomentada por los parques eólicos se la llevarán los propios promotores. Multinacionales del sector (Unión FENOSA, IBERDROLA, etc.) que coparían las subvenciones y venderían la electricidad generada bajo una "cara verde". Lo cierto es que hasta que no haya una alternativa viable y sostenible deberemos aprovechar al máximo las posibilidades de la racionalización del sistema productivo, del ahorro y la eficiencia energética.
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