|
La explosión ecológica a la que asistimos en la comarca se deja ver por todos los rincones de su geografía. Más de 200 personas han transitado este pasado fin de semana por el cordel de La Almenara. Algo inusual por estas fechas en años anteriores para esta ruta de montaña. Atacada por grupos que parten de Robledo de Chavela por el camino de Navahonda, culmina en una granítica cima de 1.259 metros. Los alicientes son muchos, aire limpio, naturaleza en estado puro, vistas privilegiadas y una de las mayores colonias de buitre leonado de la Comunidad.
 La afluencia de senderistas se puede ver durante todos los fines de semana del año. Las temperaturas no han sido tan bajas cómo eran de esperar en estas fechas, lo que ha propiciado que muchos senderistas hicieran cumbre en esta cota de la Sierra Oeste. La Almenara corre alineada con El Almojón ( 1.178 metros ) y las Machotas, la Chica (1.404 metros) y la Alta (de 1.461 metros).
Durante el domingo, una toca de niebla se instaló en la cota más alta de la ruta impidiendo la visibilidad. Desde este enclave se puede divisar Madrid junto con los desafiantes rascacielos que rompen el horizonte. Para coronar este impresionante balcón es necesario estar en buena forma. El itinerario se compone por una alternancia de subidas capaces de quebrar los muslos de poco entrenados.
El tránsito de motocicletas por los aledaños de este santuario natural se ha reducido dejando el lugar al uso que por excelencia se le debe dar a este enclave: el senderismo. Al mismo tiempo, la presión humana puede causar molestias a las aves que allí anidan. Es por ello que la guardería forestal recomienda no hacer ruido y apremia a caminar en silencio.
Este tipo de aves es muy esquiva y requiere un entorno tranquilo especialmente cuando se encuentra en época de cría. Actualmente este monte se dedica un uso ganadero y aunque no se trata de ganado bravo si es prudente caminar con cautela entre las reses, especialmente si están con sus terneros.
Y es que la montaña ha sido tomada por una orda ecológica cuyos atavíos característicos están compuestos por mochila, bastón, botas de trekking y ropa de abrigo. Es la expresión de una nueva forma de entender y explotar el entorno más natural. Una nueva forma de turismo que se consolida como reacción antagónica al asfalto de la ciudad y que es accesible a grupos de diversas edades. Conservar este patrimonio es una apuesta segura para una rentable explotación de los recursos naturales de la comarca.
|