El verdadero vampirismo, La Porfiria

Desde la publicación de Drácula de Bram Stoker en 1897, pasando por las Crónicas Vampíricas de Anne Rice en 1976, hasta llegar a la actualidad con sagas como Crepúsculo en 2005 y series de televisión como True Blood en 2007; los vampiros se han venido conociendo cada vez más. Pero como toda ficción, nada se escapa de la realidad. La combinación entre la mente imaginativa y los hechos factibles de las cosas han creado figuras que representen o simbolicen dichos acontecimientos.

De lo real a lo ficcional

El vampirismo literario no se aparta de hechos reales. El ser humano puede manifestar una enfermedad que se asemeja al estado vampírico: la Porfiria. Dicha enfermedad metabólica es de tipo hereditaria. Causada por alteraciones de unas sustancias llamadas porfirinas. Ellas son elementos metálicos que forman la hemoglobina. En 1930 el químico, médico y profesor Hans Fischer denominó a las porfirinas como “los compuestos que hacen la hierba verde y la sangre roja”. La producción irregular de las porfirinas, bien sea por sobreproducción o acumulación es la causa de esta enfermedad. Su papel es fundamental en la síntesis del grupo hemo, el cual forma parte de la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre y cumple funciones respiratorias. Se caracteriza por una notoria sensibilidad en la piel debido a la exposición al sol. También llamada como la enfermedad real de los vampiros.

Señales del vampirismo

Al producirse una deficiencia en las enzimas implicadas en la conformación del compuesto químico que proporciona el color rojo a la sangre, o porfirinas; el cuerpo experimenta una serie de síntomas y signos que se podrían asimilar a los sufridos por los vampiros en sus historias:

  • Beber sangre. La falta de hemoglobina, o también llamada anemia, hace que las personas tengan deseos de ingerir sangre para reparar la falta de la misma. Aunque otro tratamiento, un poco más efectivo y menos espeluznante, es el de transfusiones de sangre o inyecciones de productos sanguíneos. Así se compensará la falta de sangre en el organismo.
  • Luz solar. Al exponer la piel a la luz del sol, las porfirinas se aglomeran en la piel haciendo que la oxidación de las proteínas libere todo el oxígeno que trasportan en la sangre. De esta manera, el tejido cutáneo se ve destruido, comienzan a aparecer ampollas y un terrible y doloroso sangramiento. Tiene relación con la fotofobia Un ejemplo algo dramático es la exposición de un vampiro al sol: se volverá polvo en fracciones de segundos. Solo se podrá salir de noche o cuando el día esté nublado.
  • Tez de porcelana. El color de piel de los vampiros, al igual que la de los enfermos con la Porfiria, es muy pálido y brillante. Esto porque al irse destruyendo la hemoglobina, el color rojo de ella se desvanece.
  • Locura. Con la falta de luz solar, en algunos casos aparecen trastornos psicológicos, crisis neurológicas, alucinaciones y trastornos de personalidad. Estar tanto tiempo en la oscuridad no le hace bien a nadie, y menos si es relativamente para siempre.
  • Temor al ajo. El ajo contiene un producto químico que agrava los síntomas de la Porfiria.

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Las primeras apariciones de esta enfermedad fueron en el siglo XVIII aproximadamente. Los conocimientos y técnicas médicos para ese entonces no eran realmente avanzadas. Tal vez y gracias a esto se podría decir que la Porfiria fue el origen de todas esas historias sobre chupadores de sangre. Aunque un poco ficcionales, la realidad no se escapa de todo esto. La imaginación y la ciencia han sabido ir de la mano para explicar una enfermedad a través de la literatura. Esa es la magia de la mente humana.

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